Grafitis ¿de guerra?

A veces, en nuestros recorridos por los vestigios de la guerra encontramos grafitis que nos llaman mucho la atención. Escapan de la formalidad de los escudos de armas, fechas o nombres de la compañía que los construyó o defendió, y tampoco responden a proclamas políticas o ideológicas. Estos grafitis, más personales, nos dicen mucho de quien anduvo por allí.

Un buen ejemplo es esta cara de mujer trazada junto a una aspillera de fusilero, en los fortines del Aceitunillo. ¿Una novia añorada? ¿Una mujer con la que se sueña? Sin duda alguien importante para quien la dibujó sobre el cemento antes de que éste secara.


Búnkeres del Aceitunillo. La casamata principal cuenta con 23 aspilleras para fusilería. En ellas, además de la cara de la mujer encontramos nombres propios, de municipios, etc.

En el frente norte cordobés, en unas posiciones franquistas construidas en los últimos meses de la guerra, nos llamó poderosamente la atención el siguiente grafiti: un dibujo, en mi opinión algo infantil, de una carita con un sombrero cordobés, afianzando su trazado con pequeñas chinas. La sonrisa se dibuja triste. No sabremos nunca quién fue su autor, ni qué quiso expresar con este dibujo. ¿Quizás un joven soldado, cansado de una guerra cruel que se prolongaba ya camino de los tres años?



El soldado quiere dejar huella de su paso. Mucho más en situaciones como éstas, donde no sabe qué será de él: ¿acabará la guerra algún día? ¿Sobrevivirá a ella? Y en muchas ocasiones tiende a dejar su firma, su nombre o la propia huella de sus manos. Lo encontramos con relativa frecuencia.



En este nido, situado en el paraje las Doscientas, en Belalcázar (Córdoba), además de las huellas de las manos encontramos el nombre de la compañía de zapadores que lo construyó (la 18), un nombre “Manuel Muñoz”, y un texto ininteligible.


Techo del nido y grafitis

Vista frontal del nido

En Santa Eufemia, en uno de los refugios del campo de aviación republicano que allí existió, encontramos otro curioso dibujo. Y el sombrero cordobés, otra vez presente.



Interior del refugio

Este refugio está siendo felizmente recuperado por los propietarios del terreno donde se encontró por casualidad: el tractor que labraba la tierra halló más resistencia de lo normal en un montón de piedras. Tras un nuevo tirón, se descubrió la entrada al mismo.


Una de las dos entradas al refugio. En nuestra visita, la otra aún estaba sepultada.

Por último, y para terminar esta pequeña muestra, os dejo la siguiente imagen para que vosotros mismos saquéis vuestras propias conclusiones al respecto. La encontramos en el fortín de Alfarnate, en el puerto de Alazores, frontera entre Granada y Málaga, que fue tomado por las tropas franquistas en febrero de 1937.