Brunete: el paisaje que nos habla de una batalla

Los fortines de la Batalla de Brunete están protegidos por la ley. El terreno en el que se construyeron, no. Y ese terreno está empezando a desaparecer bajo el mayor desarrollo urbanístico de la historia del municipio.

Antigua visión del pueblo de Brunete desde uno de los nidos en bóveda de las afueras

Antigua visión del pueblo de Brunete desde uno de los nidos en bóveda de las afueras

La pérdida de patrimonio no supone solamente un objeto, un edificio o un lugar que se pierde. Es una parte de la historia que nos pertenece a todos y, sobre todo, es la respuesta a preguntas que tienen que ver con nuestro origen y que responden a cómo hemos llegado a ser lo que somos como sociedad. La pérdida de patrimonio siempre es una historia triste de contar y necesaria de denunciar. Y lo es especialmente cuando hablamos de la destrucción de buena parte del escenario de la Batalla de Brunete. 

Blockhaus 13

Blockhaus 13

Campamento “La Peña”

Campamento “La Peña”

Protegemos los fortines, pero olvidamos el campo de batalla

La arqueología del conflicto, en lo referente a la Guerra Civil Española, ha dado enormes pasos desde principios del siglo XXI. Arqueólogos y diferentes administraciones comenzaron a emprender campañas de prospección, excavación, protección y revalorización de un patrimonio hasta entonces desconocido, que quedaba fuera del foco mediático por miedo a las suspicacias que pudieran levantar. Fruto de ello, la ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid incluía a las fortificaciones de la Guerra Civil dentro de la denominación de Bien de Interés Patrimonial (BIP), con posibilidad de entrar en el selecto grupo de Bienes de Interés Cultural (BIC), como viene a ser el caso del Blockhaus-13 o del campamento militar de “La Peña”, declarados BIC en 2025. Fue un hito pionero en España en lo que se refiere al patrimonio que aquí nos ocupa. En 2023, esta ley sería sustituida por la Ley 8/2023 de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, que es la que hoy regula su protección, sin grandes cambios respecto a su predecesora.

Sin embargo, ¿qué ocurre con el territorio? ¿Qué pasa con los lugares donde esas fortificaciones se construyeron? La ley sí contempla figuras como el Paisaje Cultural o el Sitio Histórico, pero la protección automática, sin declaraciones ni solicitudes de por medio, se quedó en las estructuras. Ningún campo de batalla de la Comunidad de Madrid ha sido declarado como tal, lo que ha dejado estos espacios prácticamente huérfanos de cualquier tipo de protección. Es una forma de entender la arqueología del conflicto por piezas sueltas, no como un conjunto. Un nido de ametralladora no se encuentra en un alto por puro azar. Hay una serie de circunstancias, tanto geográficas como históricas, que llevaron a su construcción, al trazado de las trincheras que lo rodean, a sus refugios… Sin el paisaje, el fortín pierde su sentido.

Brunete es el perfecto ejemplo de cómo un campo de batalla puede arrojar luz sobre la estrategia de fortificación, pues no solamente da sentido a las fortificaciones del mismo pueblo de Brunete, sino que también se lo da a las de Villanueva de Perales, Quijorna, Colmenar del Arroyo (con el famoso Blockhaus-13), Navalagamella o Valdemorillo. Es aquí donde debe entrar en juego el papel de la memoria, la educación patrimonial, la concienciación ciudadana y la defensa de lo local. Pero, cuando hay intereses mayores en juego, nada es fácil.

Julio de 1937: una ofensiva para cambiar la guerra

Nos remontamos a 1937 para comprender mejor el valor de lo que se está perdiendo o está por perderse. Las fortificaciones que vemos hoy son el resultado de cómo quedaron las posiciones de ambos ejércitos al terminar la batalla. La ofensiva nació fruto de la iniciativa del Estado Mayor republicano, dirigido por el general Vicente Rojo, con un objetivo doble: obligar a Franco a desviar tropas del asolado frente norte, que llevaba meses en serio peligro, y alejar de la capital el bombardeo diario al que estaba sometida. La zona de Brunete no fue elegida por casualidad para esta ofensiva. Después de varios meses de estancamiento del frente madrileño, esta zona en especial apenas estaba fortificada y con las tropas bastante diseminadas en el territorio.

Planes de ataque del Estado Mayor de la República para su ofensiva del 5 de julio. Ilustración de Severiano Montero

La estrategia de la República pasaba por un doble envolvimiento en dos ataques: la principal ofensiva se lanzaría en el espacio comprendido entre los ríos Perales y Guadarrama, en dirección hacia Brunete, y cuyo objetivo pasaba por alcanzar Navalcarnero. De ahí, la República establecería un nuevo frente defensivo desde Quijorna a Sevilla la Nueva, y continuaría su avance hacia Móstoles. Una segunda ofensiva se lanzaría en dirección a Villanueva de la Cañada y Boadilla del Monte, para unirse en Móstoles con las tropas de la primera ofensiva, y de un ataque secundario que saldría desde Vallecas, buscando unirse a los anteriores en Alcorcón y Móstoles.

Esta ofensiva comenzó en la noche del 5 al 6 de julio, al mismo tiempo que se creaba una distracción en Aranjuez. En Brunete, las tropas republicanas se infiltraron en las líneas enemigas aprovechando el abrigo de la noche, logrando rodear Quijorna y Brunete, llegando a Navalagamella y comenzando un ataque de artillería sobre Villanueva de la Cañada y Villanueva del Pardillo. Las posiciones sublevadas resistieron más de lo previsto. La decisión republicana de reducir uno a uno los reductos activos en lugar de seguir avanzando provocaría la pérdida del factor sorpresa.

Pueblo de Quijorna tras la batalla

Pueblo de Quijorna tras la batalla

Para cuando los republicanos habían logrado rendir Villanueva de la Cañada y Quijorna, las fuerzas sublevadas ya eran conscientes de la gravedad de los acontecimientos, reorganizándose para detener la ofensiva y sumando con ello nuevos efectivos a la batalla. De esta forma, si bien es cierto que la República no alcanzó sus objetivos iniciales, había motivos para el optimismo, pues por primera vez en la guerra habían roto el frente enemigo y conservaban la iniciativa.

Soldados republicanos tras la toma de Brunete

Soldados republicanos tras la toma de Brunete

Sin embargo, esa iniciativa duró poco. Ambos bandos se estancarían durante varias jornadas bajo el abrasador sol de julio en la conocida como “batalla de la sed”, en un encarnizado enfrentamiento en la localidad de Brunete, que daría nombre a esta batalla.

Movimientos y avance máximo republicano durante la batalla de Brunete. Ilustración de Severiano Montero.

Movimientos y avance máximo republicano durante la batalla de Brunete. Ilustración de Severiano Montero.

Distintas líneas establecidas a lo largo de la Batalla de Brunete. Ilustración de Severiano Montero.

Una vez se puso fin a la ofensiva republicana, Franco impulsaría una contraofensiva de cerco y destrucción del ejército gubernamental. Serían las tropas gubernamentales las que, esta vez, a pesar de resistir, acabarían cediendo Brunete. A partir de ahí, la batalla entraría en una fase de extinción por agotamiento, y tendría su final el 26 de julio de 1937. Las posiciones en las que quedaron ambos ejércitos son las que, desde entonces, cada bando fortificó.

La mayor batalla librada en Madrid

Fotografía aérea de Brunete antes de la batalla

Fotografía aérea de Brunete después de la batalla

La Batalla de Brunete no fue una escaramuza más. Varios autores, como Martínez Bande, llegan a defender que, en parte, el vencedor de esta batalla definiría el ganador de la guerra, aunque si bien otros autores la consideran poco decisiva. Lo que nadie puede discutir es la escala que este combate llegó a alcanzar. Se estima que participaron más de 150 carros de combate, entre 200 y 300 aviones republicanos, más alrededor de 250 sublevados, unas 350 piezas de artillería entre los dos ejércitos y alrededor de 85.000 soldados republicanos y 65.000 soldados sublevados, convirtiéndose así en la mayor batalla de la historia librada en el territorio de la Comunidad de Madrid y, hasta ese momento, la mayor de la guerra.

Tanque t-26 durante la Batalla de Brunete

Flack 36 expuesto en Navalagamella

Ilustración de la batalla aérea de Brunete

La batalla también fue un laboratorio. Era la primera vez en todo el conflicto que dos grandes masas operativas chocaban y se enfrentaban con todos los recursos disponibles, y en ella se pusieron en práctica diversas estrategias que luego serían ampliamente replicadas durante la Segunda Guerra Mundial. Se atribuye a Brunete el primer derribo nocturno de un bombardero por un caza. Además, la batalla aérea fue de tal magnitud que es considerada una de las mayores de la guerra, y tras la cual la aviación republicana no volvería a recuperar la iniciativa en los cielos tal y como se venía dando hasta ese momento.

Cuerpos sin vida de soldados en un campo de batalla

Cuerpos sin vida de soldados en un campo de batalla

Gerda Taro parapetada junto con un soldado

Gerda Taro parapetada junto con un soldado

El coste humano de la batalla sería enorme.  Las estimaciones más aceptadas hablan de entre las 15.000 y 17.000 bajas en ejército sublevado, y entre 18.000 y 20.000 en el republicano, sin contar las bajas civiles. Entre estas bajas estuvo la famosa fotoperiodista Gerda Taro, pareja de Endre Friedmann, con quien compartía la identidad profesional de Robert Capa. Durante los últimos días de la batalla, en concreto el 26 de julio, un ataque aéreo a baja altura por parte de la aviación sublevada provocó una desbandada caótica entre los republicanos entre Brunete y Villanueva de la Cañada. Gerda Taro viajaba sujeta a uno de los lados de un vehículo cuando, tras una brusca maniobra, cayó al suelo y fue arrollada accidentalmente por un tanque. Murió al día siguiente.

Es evidente que las huellas de todo aquello siguen en el terreno. Los vecinos más mayores de la localidad, haciendo memoria, recuerdan el hallazgo, en repetidas ocasiones, de munición, proyectiles de alto calibre sin desactivar, por no hablar de restos humanos. Por ello, no es casualidad que Brunete sea una zona especialmente vigilada para evitar el uso no autorizado de detectores de metales, al ser una zona de especial interés arqueológico. Un interés que, como veremos en el próximo apartado, no ha pesado de la misma forma a la hora de urbanizar y sepultar todo lo que quedaba en ese terreno.

Nuevo Brunete: lo que las máquinas se llevan

Más de 17.000 viviendas proyectadas sobre el escenario de la mayor batalla librada en territorio madrileño. Los fortines prevalecerán. Las trincheras quedarán borradas. El paisaje bélico y quizá los restos de muchos caídos, desaparecerán.

Fotografía aérea de Brunete poco después de la batalla

Fotografía aérea de Brunete poco después de la batalla

Un pueblo que multiplicará su tamaño

El plan urbanístico conocido com “Nuevo Brunete” es un proyecto que tiene su origen en 2007. Quedó paralizado por el estallido de la burbuja inmobiliaria, y se aprobó definitivamente en el año 2013, con una duración de ejecución a veinte años vista. En 2025 comenzaron las obras. Se trata de un cambio radical, no solamente del pueblo, sino de toda la zona. Se prevé la construcción de más de 17.000 viviendas, lo que implica que Brunete podría pasar de unos 11.000 habitantes a cerca de 63.000, es decir, seis veces la población actual del municipio. Será un nuevo motor económico y uno de los mayores núcleos poblacionales de la región. Un antes y un después en la vida y la historia del municipio.  

Fotografía aérea de Brunete. En naranja todos los sectores en los que existe un proyecto de urbanización.

¿Y qué supone este megaproyecto para el patrimonio de la Guerra Civil? Si comparamos los mapas de la batalla realizados por Severiano Montero y la fotografía aérea de Brunete tras los combates con la imagen actual y el futuro “Nuevo Brunete” encontramos fácil respuesta: el proyecto tendrá un impacto brutal.

Islas arqueológicas en un mar de ladrillo y hormigón

Si bien es cierto que las fortificaciones presentes en la zona están protegidas, no entraremos ahora en las medidas que se han hecho o se han dejado de hacer desde las administraciones para su protección, promoción y conservación; eso daría para otra entrada aparte.

Nidos de la posición Brunete – Villaviciosa de Odón precintados al inicio de las obras en 2025

Es el caso de los nidos popularmente conocidos como “de huevo” que cubrían la antigua carretera de Brunete a Villaviciosa de Odón. Desde el inicio de las obras en 2025, fueron “acordonados” y cerrados a cualquier visita hasta nuevo aviso. De momento, están a salvo. Está claro que estas estructuras pervivirán en el tiempo, pero ¿a qué precio? Se convertirán en islas arqueológicas rodeadas de edificios nuevos, puede que con un bonito parque acompañándolos, pero despojados de aquel paisaje histórico que les daba sentido. Se convertirán en una curiosidad más para los nuevos vecinos de la zona.

Nidos de la posición Brunete – Sevilla la Nueva

No hace falta imaginarlo: en el mismo Brunete tenemos un claro ejemplo de esta situación con los nidos hermanos que cubría la carretera a Sevilla la Nueva a la entrada del pueblo, dos de los cuales además fueron desplazadas de sus lugares originales para la construcción de la carretera. Uno quedó aislado en un jardín abandonado; otro acabó convertido en el cuarto de herramientas de un vecino.

Lo que la tierra esconde: el patrimonio enterrado

Ahora bien, todo aficionado, interesado y especialista en este campo y en la arqueología, tiene una cosa clara, y es que, muchas veces, lo importante no está en la superficie, sino debajo. La ley protege los restos visibles, pero, ¿qué hay del patrimonio enterrado, el que solo puede descubrirse con trabajos arqueológicos?

Fotografía reciente del transcurso de las obras en uno de los sectores

En en una zona relativamente cercana a la ciudad de Madrid, calificada como “semiurbana” y que ha sufrido tantas modificaciones a lo largo del tiempo, es difícil no imaginar una red de fortificaciones enterrada. Esa posibilidad no se tuvo en cuenta durante la redacción del plan urbanístico. En sus cientos de páginas, las referencias al patrimonio arqueológico, al paisaje histórico y al patrimonio bélico son más bien escasas o inexistentes.

Los testimonios lo confirman. Se viene a mi mente el testimonio de un caballero de más de 90 años con el que tuve ocasión de hablar hace poco, cuyo padre combatió del lado sublevado en Brunete, y que lleva viviendo en el municipio desde los años cincuenta. Este hombre me relató cuántas veces se encontraban proyectiles de artillería mientras trabajaban la tierra. Uno de ellos mató a un amigo suyo mientras araba el campo.

Para confirmar las sospechas, tan solo necesitamos consultar las fotografías aéreas del vuelo americano de 1945-1946 y compararlas con la imagen actual.

Vuelo americano (1945-1946). Sistemas de trincheras al norte de Brunete, señalados en rojo.

Misma zona en la actualidad, ya afectada por las obras. En rojo el espacio donde deberían encontrarse el mayor entramado de trincheras de la zona

Al norte del municipio, el vuelo americano muestra varios entramados de trincheras, algunos ligados a posiciones con nidos de ametralladora que aún se conservan, como los cruciformes de la carretera entre Villanueva de la Cañada. Todas esas trincheras han sido destruidas por nuevas construcciones, en su mayoría fincas y casas particulares. Todas, salvo la más extensa, en El Olivar del Veliso, que permanecía enterrada pero intacta hasta este mismo año 2026, cuando comenzaron las obras sin un seguimiento arqueológico previo, como en la mayor parte del campo de batalla.

El Olivar del Veliso: un barco que se hunde

No obstante, en el mes de mayo, el Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA), presentó un informe a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid mostrando el potencial arqueológico de toda la zona en la que se estaba construyendo.

Refugio improvisado durante la Batalla de Brunete

Trincheras de la Batalla de Brunete

Gracias la intervención de GEFREMA, Patrimonio se hizo cargo de la situación e impulsó excavaciones llevadas a cabo por arqueólogos especialistas en la Guerra Civil. Siguen trabajando a contrarreloj, y llevando a cabo una arqueología de emergencia que uno de los arqueólogos me definió como “trata de salvar lo que puede de un barco que ya se está hundiendo”. Se ha conseguido excavar varios tramos de trinchera, aunque pequeños; se ha podido documentar información suficiente antes de que las máquinas avancen y se ha logrado preservar una parte del terreno en el que sigue enterrado el sistema de trincheras.

Una vez más, la iniciativa de GEFREMA pone de relieve la importancia del papel de las asociaciones como la nuestra en la defensa del patrimonio local. Y una vez más, se evidencia que las administraciones, aquellas que realmente tienen el poder y las herramientas para proteger el patrimonio, no actuaron hasta que alguien dio la alarma.

Fotografía aérea del estado actual de “Nuevo Brunete”

Fotografía aérea del estado actual de “Nuevo Brunete”

Fotografía aérea del estado actual de la expansión de Villanueva de la Cañada, que también afecta a una zona de combate

Por el contrario, no podemos ignorar el hecho de que esta es únicamente una pequeña victoria de una guerra que se está perdiendo. En un proyecto urbano tan grande, soprende que no se previeran posibles seguimientos arqueológicos previos al comienzo de las obras, teniendo que ser una asociación ciudadana la que detectara el potencial patrimonial de una pequeña parte de todo sobre lo que se va a construir. ¿Qué hubiera pasado si GEFREMA no hubiera intervenido? A pesar de estos trabajos arqueológicos, y los resultados positivos en forma de hallazgos que están teniendo, no se ha extendido los controles al resto del territorio afectado por el plan.

Tumbas sin nombre

El subsuelo de Brunete no guarda solo restos materiales. También puede seguir siendo el lugar de descanso de muchos de los que murieron allí. Como nunca se ha llevado a cabo un seguimiento arqueológico a fondo de la zona de combate de la Batalla de Brunete, es clara la falta de constancia de la cantidad de fallecidos que puede seguir habiendo en la zona. El general Varela dejó constancia de cómo, en la retirada de los republicanos de Brunete, quedaron tantos cuerpos sin recoger que sus soldados tuvieron que emplear varios días únicamente en enterrarlos.

Lugar de excavación de la Morolla

Restos encontrados durante las excavaciones de la Morolla. Fotografía: Álvaro Minguito.

Muestra de ello son las excavaciones de 2022 y 2023 en el paraje de la Morolla, a pocos metros del pueblo. Gracias a los trabajos del equipo de ArqueoAntro, se lograron recuperar los restos de al menos ocho soldados, seguramente republicanos, pertenecientes a la 108ª brigada mixta, enterrados en el inicio de una trinchera y muertos durante la batalla.

Queda así patente que la cuestión de la desaparición del campo de combate de la Batalla de Brunete no es sólo una cuestión de interés arqueológico. Es una cuestión de respeto hacia quienes murieron allí y hacia unas tumbas desconocidas que quedarán sepultadas bajo este nuevo entramado urbano, por las que sus habitantes caminarán ignorando lo que hay debajo.

Brunete: sin espacio para la memoria

Otros países han convertido sus campos de batalla en lugares de memoria. En cambio, en Brunete, los únicos memoriales sobre la batalla son de la posguerra, un centro de interpretación que lleva casi 10 años sin abrir y un paisaje que se urbaniza. ¿Aún podemos hacer algo?

Lo que otros han sabido conservar

Monumento en el campo de batalla de Gettysburg

Complejo conmemorativo de la Batalla de Verdún

En otros lugares, arrasar un campo de batalla para urbanizarlo sería imposible de concebir. Tenemos el caso de Verdún, donde buena parte del frente quedó como “zona roja” y actualmente es un espacio para la memoria. O también podemos prestar atención a los Estados Unidos, otro país con una guerra civil muy sonada. El campo de batalla de Gettysburg es un parque militar nacional protegido. Además, existen allí organizaciones como el American Battlefield Trust, que se dedican a comprar terrenos para salvarlos de la construcción. En España también tenemos ejemplos claros, como los espacios de la Batalla del Ebro, con varias rutas por sus territorios, el Museo de la Paz de Guernica, o el pueblo viejo de Belchite, en el que se conservan las ruinas como testimonio de la guerra.

Brunete y su memoria a medias

Placa conmemorativa de la victoria sublevada en la Batalla de Brunete, presente en la Plaza Mayor de la localidad

Cruz conmemorativa del X aniversario de la victoria sublevada en la Batalla de Brunete, cerca del cementerio de la localidad

En Brunete, por el contrario, los únicos monumentos presentes en la localidad que aluden a la memoria de la batalla son de la posguerra: dos placas en la plaza Mayor por la inauguración del pueblo tras la reconstrucción, y un monumento del décimo aniversario de la batalla, primero situado a las afueras y hoy al lado del cementerio.

Desde 2017, está aprobado el proyecto para la puesta en marcha del Centro de Interpretación de la Batalla de Brunete, con web propia y un espacio reservado en la plaza Mayor. Nueve años después, sigue sin abrir sus puertas.

Es cierto que hay razones para el optimismo. En 2025, varios de los municipios que se vieron afectados por la batalla participaron en las llamadas Jornadas Intermunicipales de la Batalla de Brunete, durante las cuales se celebraron conferencias, visitas y recreaciones que, en general, tuvieron buena acogida por parte del público, demostrando el interés de la ciudadanía por este capítulo de la historia. No obstante, su primera edición coincidió con el inicio de las obras de “Nuevo Brunete”: mientras se acercaba la batalla a los vecinos, empezaba a desaparecer el paisaje en el que se libró. ¿Cómo vamos a recordar los hechos históricos de nuestra historia si eliminamos los espacios dónde ocurrieron?

Estado actual de las obras de expansión de Villanueva de la Cañada en otra área en la que la Batalla de Brunete tuvo incidencia

Estamos hablando de una pérdida que no sólo afecta al paisaje de la guerra y los restos que pueda guardar. Con este plan urbanístico también se van los posibles restos arqueológicos de otras épocas. Brunete o Villanueva de la Cañada son pueblos que se levantaron sobre campos de batallas anteriores que ya quedaron prácticamente arrasados, y han ido perdiendo los pocos edificios que sobrevivieron. Por si fuera poco, ahora pierde también buena parte del territorio que podía seguir contándonos su pasado. De esta forma, se hace inevitable crear un debate obligatorio sobre si este desarrollo compensa, cuando su precio es borrar la historia colectiva.

¿Y la ley de Memoria Democrática?

La Ley 20/2022 de Memoria Democrática tiene aspectos que afectan directamente a este caso, más allá de la polémica política que la rodea, y en la que no entraremos. Y es que, en los artículos 49 al 53, se trata ampliamente la denominación de “Lugares de Memoria Democrática”: paraje en que se dieron hechos de especial relevancia durante nuestra historia. El artículo 53 especifica que estos lugares deben tener una función de carácter conmemorativo, didáctico y reparador, previendo itinerarios de memoria. En varios artículos de esta ley, también se trata acerca de qué hacer con los restos humanos, para los que se obliga a la administración encargada a preservar y vigilar aquellos lugares donde se hayan encontrado restos. Además, también se señala el establecimiento de infracciones graves en caso de no comunicar estos hallazgos o excavar sin autorización.

La construcción de Nuevo Brunete podría chocar en varios puntos: se iniciarán las obras y los movimientos de grandes masas de tierra sin una prospección o un control arqueológico previo, en una zona con miles de muertos y enterrados en el propio campo. En el Olivar del Veliso ahora sí que existe ese control, aunque al principio tampoco lo hubo; en el resto, no. 

Sin embargo, la ley tiene un límite claro. Destruir un paisaje histórico asociado a un frente, como es este caso, no es una infracción mientras que ninguna entidad haya pedido y logrado su declaración como Lugar de Memoria. Cabe preguntarse cómo puede ser que una de las batallas más sangrientas de la Guerra Civil y la más grande de la historia de Madrid, a día de hoy, no tenga ese reconocimiento, y que no se haya solicitado todavía.

El desconocimiento lleva al olvido

Está claro que hay una pieza indispensable de este complejo rompecabezas aún por tratarse: la población. ¿Qué han hecho los vecinos ante esta situación? La respuesta está relacionada con un hecho tan sencillo como es que lo que no se conoce no se valora. Como bien sabemos, la conservación del patrimonio exige investigación, estabilización, presentación y gestión eficaz. Pero casi tan importante o más que todo eso, es explicarlo al gran público, algo que no ha ocurrido hasta las Jornadas de 2025, una vez que las máquinas ya estaban destruyendo el paisaje histórico. La sensibilización de la ciudadanía es esencial para proteger el patrimonio. Sin una difusión preventiva para sensibilizar sobre la fragilidad del patrimonio y sobre los comportamientos que se deben tener para su conservación, no hay protección posible.

Estampa natural de los alrededores de Brunete, naturaleza y paisaje histórico conviviendo

Estampa natural de los alrededores de Brunete: naturaleza y paisaje histórico conviviendo

Hablamos de la destrucción de un paisaje histórico, un territorio que se percibe por los sentidos y en el que una comunidad puede reconocerse. Es cierto que el paisaje evoluciona con el tiempo, como la sociedad, que tiene un carácter dinámico, y que está en constante cambio debido a los efectos que la población provoca en él. No obstante, cambios como los procesos de urbanización pueden convivir con el respeto a los espacios naturales: hay muchos ejemplos de ello.

Brunete podría haber aspirado a ser uno de ellos. Un espacio natural en el que naturaleza y patrimonio cultural y bélico se dan la mano y suponen una parte importante de la identidad del municipio. El patrimonio latente en este territorio no debería verse como un elemento indiferente e incómodo, sino como una excelente oportunidad para crear vínculos de identidad entre sus vecinos, impulsar proyectos educativos y de conciencia histórica, democrática y ambiental. Un impulso para convertir a Brunete en un referente de la interpretación de la Guerra Civil, con beneficios sociales y también económicos.

Obreros trabajando en la reconstrucción de Brunete durante los años 40

Obreros trabajando en la reconstrucción de Brunete durante los años 40

Para eso, una de las principales tareas de las administraciones debería ser fomentar la implicación de la ciudadanía en la conservación del patrimonio local. El patrimonio solo tiene sentido cuando lo aprecian, lo entienden y lo cuidan quienes conviven con él: aquellos que lo ven cada día, que pasean por sus lomas o que pasan de largo cada mañana al irse a trabajar.

Por desgracia, no ha sido así. La falta de divulgación ha generado una población local totalmente desconectada de su pasado y de su patrimonio. Brunete no es un caso aislado: he podido comprobar en primera persona que, en la inmensa mayoría de los pueblos pertenecientes al Sector Brunete, se sigue desconociendo en gran medida la dimensión de la batalla, por no hablar de la ingente cantidad de arquitectura bélica que sigue en pie en este territorio, algunas estructuras incluso declaradas BIC.

Obreros trabajando en la reconstrucción de Brunete durante los años

Un pueblo surgido de la batalla

Brunete, tal y como lo conocemos hoy, no se puede explicar sin la Batalla de Brunete. Su arquitectura actual es fruto de la reconstrucción de Regiones Devastadas. Mirar a la batalla es mirar al origen del pueblo que vemos hoy. Por eso, dejar desaparecer su campo de batalla es borrar el origen de todo un municipio. Brunete se convertirá, sin no lo evitamos, en el ejemplo de oportunidad perdida de crear un lugar de memoria, educación y reflexión de referencia a nivel nacional, y de la prioridad que se le da la iniciativa inmobiliaria sobre la preservación de un espacio cultural.

Brunete no es un pueblo cualquiera de la meseta. Es un pueblo que resurgió de sus cenizas y superó el drama de la guerra, hasta llegar a ser lo que es. Acabar con las cicatrices que la guerra dejó en su territorio es quitarle parte de lo que da sentido a su ser y a su identidad. Es reducir la memoria del municipio a lo que unos pocos investigadores conocen; a unas pocas fortificaciones que quizá también acaben desapareciendo algún día. Es borrar el recuerdo de los que aquí murieron. Acabar con el campo de batalla de Brunete es caer, una vez más, en el pozo sin fondo del olvido.